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Copyright en la era de las IAs

Empezó con los ilustradores en pie de guerra, la premisa era que los modelos generativos de imágenes robaban su arte al estar entrenados con sus obras sin su consentimiento. Este caso terminó en los tribunales donde el juez desestimó la causa.

Con el lanzamiento de ChatGPT fueron los escritores los que empezaron a presentar demandas por infracción de copyright contra OpenAI. La última demanda a la que se enfrenta junto con su socio Microsoft, viene nada menos que del célebre periódico The New York Times. En estos casos y los que vengan OpenAI tendrá que defenderse a sí misma y como ha prometido, a sus clientes. Será interesante seguir estos procesos judiciales este 2024.

Lo que está claro es que estamos ante un conflicto abierto entre creadores y las macroempresas tecnológicas detrás de estos grandes modelos generativos. Por el momento parece que la balanza se inclina hacia las macroempresas, pero aún se tiene que sentar precedente en el caso de los modelos de lenguaje.

Nuestros derechos como autores

En todos estos casos deberíamos recordar que cuando publicamos en Internet perdemos, en parte, el control de nuestras publicaciones, estamos liberando algo al mundo que deja de ser privado para siempre.

Aún así es esencial tener en cuenta que tenemos unos derechos morales como autores de nuesta obra, estos derechos, como nos indica el Ministerio de Cultura de España, son irrenunciables e inalienables y por tanto deberíamos exigir a los creadores de modelos de lenguaje que citen las fuentes cuando den una respuesta.

¿Qué está pasando en la blogosfera?

Por la blogosfera se extiende la práctica de evitar que los enormes modelos de lenguaje scrapeen el contenido de los blogs, es decir, recopilen información de manera automatizada mediante los llamados robots.

Dicho todo lo anterior, en mi caso no me he planteado bloquear ningún robot que absorba mis contenidos por la principal razón de que no creo que sea tan importante mi opinión aquí. Pensar que tu blog marca una diferencia relevante entre miles de ellos me parece un pecado de soberbia que solo cabe en una sociedad tremendamente individualista. Una sociedad donde se nos ha implantado la idea de que debemos vender nuestra imagen de marca y esto implica, como buen acto de marketing, sobrevalorar nuestra imagen.

Por otra parte hay que valorar qué perdemos si no dejamos entrar en nuestro blog a los robots de OpenAI y Google, lo más seguro es que nuestro blog deje de estar indexado en el buscador del futuro. Uno que sí funcione como un gran modelo del lenguaje que nos de referencias de dónde aparece exactamente lo que estamos buscando, algo así como preguntar sobre cierto conocimiento a un monje copista, sabrá dónde se encuentra aunque no sepa exactamente qué significa.

Empieza la batalla del copyright

De cualquier modo, el conflicto continúa, los creadores, que compartieron sus obras en la red, reclaman su parte, en el auge de las IAs generativas a golpe de demanda. Las macroempresas de la inteligencia artificial les van a plantar cara y por supuesto tendrán los mejores abogados. En este escenario, la batalla no solo es jurídica, también se ponen a juicio los límites del copyright y los derechos de autor en este mundo interconectado.

Imagen: Scriptorium de la abadía de Echternach representado en el «Libro de las Perícopas» de Enrique II 1002-1012 d.C. Wikimedia


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Carlos Sanmartín Bustos

Desarrollador de software embebido comprometido con el software libre. Progresista y antiautoritario.